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jueves, 28 de agosto de 2008

La pasión de Judas

Fandom: La Biblia.

Claim: Judas/Jesus.

Advertencia: Slash.

Disclaimer: Ningún personaje es mío.

Nota: Desde ya afirmo que no pretendo ni es mi intención ofender ninguna fe, el fic fue escrito por puro entretenimiento y sepan que me esforcé por hacerlo lo más tolerable posible, considerando de quienes se trataba.

La pasión de Judas

Judas apenas recordaba cómo había empezado. La fiebre que en esos últimos días lo había atacado le había impedido mantenerse plenamente consciente de todo cuanto pasaba. Estaban en la pequeña casa de una amable viuda, recuperando fuerzas para continuar con su peregrinaje. Afuera llovía y tronaba furiosamente, lo sabía por el sonido que llegaba a sus oídos y las gotas que se colaban entre el techo de paja, empapando gratamente su frente, ya húmeda a causa del sudor.

Sólo su maestro Jesús se encontraba con él, los otros discípulos cenaban todavía en la otra habitación y sus voces, aunque cercanas, eran difíciles de distinguir. Su maestro se encargaba de voltear el paño en su frente, refrescándolo, y exprimirlo a un lado de la cama de vez en cuando, para a continuación mojarlo en un cuenco del suelo y volver a colocárselo. De a momentos dejaba posar su áspera mano en esa zona, pero no salía de ella el agradable calor que lo envolvió cuando le fue concedida su gracia divina, sólo le transmitía el frío que se adhería a su carne.

Sus pensamientos le eran ocultos en el silencio verbal que llevaba y lo que menos le agradaba era su expresión angustiada, poco común en su semblante normalmente calmado. Quería preguntarle el porqué no le quitaba ese mal abrasador con su toque, pero la falta de saliva y su creciente atontamiento no le permitían formar frases coherentes. Su maestro debió notar sus dudas expresadas en sus ojos, porque en seguida le dedicó una media sonrisa tranquilizadora.

—Lo lamento, querido Judas—le musitó apaciblemente, siendo su voz una manantial que casi adormecía su molestia—. No puedo obrar fuera de la voluntad de mi Padre, ni siquiera para mis propios deseos.

No era la primera vez que lo decía, ni tampoco significaba una novedad para Judas molestarse por ello.

—Aunque hay algo extraño, parece que quisiera otra cosa—susurró el maestro como para sí, quitándole unos cabellos morenos de su frente suavemente y dejando la palma descansar ahí.

El contacto, frío por el ambiente pero vivo, era de cierto modo relajante para el discípulo y deseó que no se moviera, a pesar de que las gotas salpicaban sus parpados y mejillas al deshacerse en esa piel. Jesús lo secó con movimientos distraídos ayudándose de su otra mano y la manga de su ropa, delineando inconscientemente sus facciones, hasta que la yema de sus dedos rozó los finos labios y éstos se abrieron en un suspiro, sobresaltándolo.

A pesar de que Judas había sido criado en el seno de una mujer afectuosa, pocas veces había experimentado semejante sensación de intimidad. Sin embargo, no rechazó la cercanía e incluso le pareció agradable la vacilante caricia alrededor de su boca y luego en su mejilla afiebrada.

Creyó escuchar un tenue murmullo pidiendo que lo perdonara, antes de que la boca de su maestro lo cubriera delicadamente, como si temiera romperlo de otra manera. Era un beso dubitativo, un roce que esperaba alguna oposición de su parte, la más mínima señal de que no deseaba eso y él se apartaría dócilmente. Pero ninguna señal de esas sucedió, en cambio percibió el mentón de Judas alzarse hacia él, al tiempo que los labios pretendían envolver los suyos débilmente.

Lo cierto era que el convaleciente no estaba del todo seguro de lo que estaba haciendo, sólo registraba que había un calor ajeno a su fiebre en ese gesto y no deseaba abandonarlo. Jesús profundizó un poco más el beso ante su aceptación, aún de forma cautelosa, tanteando sus posibilidades, y, al cabo de un rato, él fue el que casi se echó hacia atrás cuando notó una lengua que lo buscaba insistente y una mano luchando por alcanzar su rostro para atraerlo más hacia sí.

A la mañana siguiente, Judas recordaba que había despertado con los rayos del sol dándole en pleno rostro y que se hallaba solo en la habitación. Su fiebre y malestar habían desaparecido por completo.

1 comentario:

y0cita dijo...

Yo ya te dejé galleta en slasheaven, pero como te quiero tanto también te dejaré una acá.

Ok, no sé que escribirte, además de que me encanta la manera en la que perviertes la biblia y que me enamoré de Jesús/Judas.

Besos enormes.

y0cita.

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